23 dic. 2012

Hacía casi veinte años que no veía a Extremoduro en directo y, por lo que dicen, era la primera vez que se tomaban un avión para hacer una gira, así que sobraban motivos para no perderse la llegada de esta tremenda banda a este lado del mundo. Las entradas para la primera fecha volaron, y nos avalanzamos sobre la segunda oportunidad. La espera se hizo larga, pero el martes 11 calentábamos por fin motores cerca del Teatro Flores con las primeras cervezas, expectantes. Personalmente, no sabía qué versión de Extremoduro íbamos a encontrarnos sobre el escenario. Al imparable aumento de repertorio (y de duración de los temas) desde la última vez que los viera, se unía una prudente duda, porque si bien les sobran rock y calidad para dejarlo a uno sin aliento, también es cierto que recordaba antecedentes en los que la calidad de sonido, por un lado, o el estado del propio Rober, por otro, habían dejado más que dudosos resultados sobre el escenario, y después de tocar en Chile era el segundo concierto en Buenos Aires en dos días... Aunque incluso en las peores condiciones ver a Extremoduro es siempre una experiencia a recordar, en una u otra dimensión.
Una vez dentro, después de comprar una remera roja con una hermosa A circulada estampada en negro bajo el nombre de la banda, cerveza en mano, comenzábamos a tomar posiciones. Parecía que, siendo la segunda fecha, el lleno no iba a ser tan total. Sin embargo, en  la medida en que se acercaba la hora de comenzar, nos íbamos apretando  en un cómodo medio desde donde podíamos ver y escuchar bien sin ser demasiado zarandeados. La fauna que nos rodeaba daba cuenta del alcance de Extremoduro con su rotundo rock transgresivo, mezcla de poesía urbana, rock puro y actitud sobradamente punk.
Por fin se corrió el telón y apareció en escena  la banda al completo. El estallido de sonido  no se hizo esperar, y la adrenalina fue subiendo de acorde en acorde. Desde la primera nota lo tuvimos claro: estábamos ante la mejor versión de la banda, con un Rober pletórico de voz, e Iñaki clavando cada nota de guitarra en sus desenfrenados riffs y punteos. Im-pre-sio-nan-te. Una de las componentes de la expedición rápidamente se perdió hacia las primeras filas y no la volvimos a ver más hasta la habitual pausa de 15 minutos. Rober seguía siendo Rober, y hay costumbres que nunca cambian. Animando a la actividad clandestina con su ya clásico “¡pero que no os vean!” nos dejaban por un rato para que intentáramos recuperarnos de casi una hora de cañonazos. Hasta los larguísimos movimientos de “La ley innata” se hicieron cortos. Y lo mejor de la pausa, además del tiempo para renovar combustible, era que íbamos a tener otra sesión de esa droga que Extremoduro destila en su lírica.
En el ínterin tomamos nuevas posiciones, más cerca del escenario, y ya no nos movimos de allí salvo para sumergirnos en algunas oleadas de pogo que nos invitaban a olvidarnos de todo y dejarnos arrastrar por la marea sonora y humana. Brutales fueron, por supuesto, los momentos que desataron temas como “Jesucristo García” o “Ama, ama, ama y ensancha el alma”.
El final llegó con la intensidad de melodías de “Autorretrato”, esperando en las idas y venidas de la guitarra el momento en que seguir a Rober con el “Si me encierro ven a verme un vis a vis...”. Sin embargo, el tema nos zarandeó una y otra vez sin que la esperada voz irrumpiera. Y es que, como también es habitual, Rober había abandonado el escenario antes de que empezara el tema, para no volver a aparecer. A Iñaki le quedó el honor de despedir a la banda, cerrando además con un guiño a uno de los temas clásicos de la mítica banda en la que antes tocara, Platero y tú.
Por supuesto, cuando una banda tiene un repertorio tan amplio con temas tan buenos, siempre se hace recuento después de aquellos que a uno le parecen imprescindibles y que ha echado en falta. Así me pasó a mí con “Extremaydura” o “Pepe Botika”, entre unos cuantos más. Pero no es menos cierto que no habríamos quitado ni una sola canción de las que nos regalaron, así que nos quedamos con lo que pudimos escuchar y disfrutar.
Días más tarde, un amigo, que había acudido más porque consideraba imperdible la visita de Extremoduro que porque fuera un apasionado de la banda, seguía resumiendo muy bien la apisonadora musical que nos había pasado por encima: <<Todavía me zumba la cabeza>>. Uno de los conciertos musical y vivencialmente más intensos en mucho tiempo, sin duda. Y con una frase a guardar para la esperanza, ya que antes de su desaparición Rober se comprometía con la afición: <<Si no volvemos a vernos, que no sea por culpa nuestra>>. Habrá que tomarle la palabra y esperar que el regreso no se demore mucho.
Cuentan las malas lenguas que de allí la banda marchó al Salón Pueyrredón a seguir la fiesta. Una pena no haberlo sabido en ese momento...
Nota - Asel. 


Cobertura RANCID en Barcelona – Matt  
RANCID 20 años  (si los chicos están unidos) 
Klasse Kriminale + G.A.S Drummers + Ultimo Asalto
/ Barcelona / Sala Razzmatazz / 31 Julio 2012  

A pocas estaciones de tren subterráneo desde el centro de la ciudad, en plena zona de naves industriales, se alza Razzmatazz. Una fábrica convertida en sala de conciertos y verdadero referente de la noche  barcelonesa. Por allí han pasado grupos de la talla de Tool, The Cult, NIN, Antrhax, Hellacopters, Social Distortion, Primal Scream, Faith No More + L7 (sí sí los dos compartieron fecha) y, como si fuese poco, hace 20 años los Ramones grabaron su legendario Loco Live (época en que la  sala se llamaba Zeleste).
Eran casi las 9 de la noche de un lunes caluroso cuando, con mi chica,  entramos por las puertas del Razz. El sitio estaba a medio llenar por skinheads y punx que bebían cervezas al ritmo de música reggae. Nos sumamos con unas cervezas, mientras esperábamos el turno de Klasse Kriminale, banda Italiana de fuerte mensaje libertario antifascista. Sonaron bien, tocando un oi!-street punk con algo de ska que, a pesar de la dificultad del idioma, supieron defender a fuerza de rabia.
Llegaron los RANCID haciendo sonar “radio” seguida de “roots radicals” y “the way i feel”, eficaz manera de iniciar la fiesta de sus 20 años de trayectoria. Con el sonido propio de una banda madura de espíritu joven, llevaron adelante una noche de enérgica entrega. Con un repaso discográfico que la gente agradeció  a grito pelado sin dejar de bailar o saltar, a pesar del sudor causado por un calor insoportable. Títulos como “nihilism”, “salvation” o “time bomb” encendieron la mecha de un torbellino fraternal, sabidos de estar fuera del trabajo, las responsabilidades y los problemas. Por un momento los RANCID nos permitieron (sin dejar de ser conscientes) olvidarnos de la crisis mundial, de la subida del iva, de los mediáticos juegos olímpicos, del caos actual. Recordándonos que aún quedan bandas legitimas que tocan porque es lo que saben hacer, sin mirar tendencias ni poses, reivindicando aquello de HAZLO TU MISMO.
En lo personal, me quedo con el recuerdo de haber visto lo que yo llamo una de las “bandas de verdad” y de haber bailado abrazado con un skinhead al compas de “if the kids are united” de los SHAM 69 por los Klasse Kriminale.
Porque sí, esa noche, los chicos estaban unidos. 

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